El gobierno de Bolivia dijo ayer que logró abortar un plan de magnicidio, al abatir a tres supuestos mercenarios internacionales y detener a otros dos en una operación que acrecentó la tensión política en el país, que se apresta a vivir un nuevo proceso electoral. El complot, cuyo blanco principal sería el presidente izquierdista Evo Morales y el vicepresidente Alvaro García Linera, fue develado por autoridades luego de un cruento choque entre fuerzas policiales y supuestos "terroristas" en la ciudad oriental de Santa Cruz, bastión de la oposición conservadora. El enfrentamiento se produjo en la madrugada en un céntrico hotel de Santa Cruz, al día siguiente de un atentado con dinamita contra la vivienda del cardenal Julio Terrazas, máximo jerarca católico boliviano, y cuatro días después de que el mismo Morales denunciara nuevamente un plan para asesinarlo. Los sospechosos resistieron el arresto e intercambiaron tiros con la policía y más tarde hicieron explosionar una granada de guerra, causando destrozos materiales en un hotel céntrico pero no hubo más víctimas, dijo el comandante de la policía general Víctor Hugo Escobar.
"Documentos incautados de manera preliminar hablan de los preparativos de un magnicidio, un atentado contra la vida del presidente", dijo el vicepresidente, en función de primer mandatario por un viaje de Morales al exterior.
Los medios dijeron que los tres supuestos terroristas muertos eran un rumano, un irlandés y un boliviano, y que los dos detenidos eran un húngaro y un boliviano, pero las informaciones sobre la nacionalidad de los fallecidos son contradictorias.
Morales dijo en Venezuela, donde asistía a una cumbre de la Alternativa Bolivariana para América latina y el Caribe (Alba), que la oposición boliviana podría estar detrás del plan de magnicidio. "En Bolivia, el año pasado la derecha intentó sacarme con el voto del pueblo en el referendo revocatorio, fracasaron. Después intentaron un golpe de Estado civil, fracasaron. Ahora estaban planificando acribillarnos, están fracasando", dijo el mandatario indígena.
El suceso marcó el inicio de una larga campaña proselitista hacia los comicios generales de diciembre, en los que Morales, todavía sin rivales definidos, buscará la reelección. "Tenía información desde hace algunos días de que mercenarios internacionales estaban preparando un atentado. Di instrucciones al vicepresidente y al comandante de policía de hacer un operativo y detenerlos", dijo Morales.
Sectores de la oposición se apresuraron a deslindar conexión con los supuestos terroristas y denunciaron un presunto "montaje", recordando que Morales denunció varias veces en el pasado, sin pruebas, supuestos planes para asesinarlo.
El prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, uno de los líderes de la oposición y referente de las demandas de autonomía, dijo indignado que el gobierno habría "preparado" la presentación de un supuesto arsenal de los "terroristas". Costas se mostró molesto especialmente por el énfasis que puso el gobierno en señalar que el arsenal —con explosivos plásticos, municiones y armas de guerra— fue encontrado en un inmueble de la cooperativa telefónica Cotas, el campo ferial de Santa Cruz.
El senador derechista Luis Vásquez sostuvo, en respuesta a la denuncia de Morales, que "es esquizofrenia del gobierno tratar de politizar el tema y llevarlo a una confrontación".
Los habitantes de Santa Cruz reaccionaron con sorpresa ante la denuncia de magnicidio.