ueNewell’s salvó la ropa sobre el final. El equipo de Roberto Sensini estuvo a punto de pegarse un gran porrazo ayer ante Banfield. Rozó el papelón con un primer tiempo insoportablemente leve en el que mostró su costado más oscuro pero en el complemento se recuperó, dio vuelta la pulseada emocional y estuvo cerca de llevarse la victoria. Tan cerca y tan lejos. Fue empate porque el Taladro no supo aprovechar las incomprensibles ofrendas del inicio y porque la Lepra no supo trasladar a la red el empuje que lo movilizó sobre el final. La igualdad fue un castigo repartido que se vio obligado a salir a escena ante tanta pobreza estética. Las ideas dolieron de ausencia. En ese marco, el punto es positivo teniendo en cuenta el desarrollo pero es inútil de cara a las aspiraciones de clasificar a la Sudamericana. Más allá del resultado emotivo, del contrapunto entre lo que pudo ser y lo que fue, quedó claro que lo esbozado en el Coloso no representa el camino correcto. El duelo ante Banfield merodeó todos los efectos anímicos posibles. Los rojinegros estuvieron a punto de tropezar contra su impericia, las bajas obligadas y la falta de un patrón de juego confiable. La confusión ató la apuesta desde su génesis y condicionó la suerte de los intérpretes. Pero esquivaron el obstáculo a tiempo y sin un libreto claro, les alcanzó con buscar el arco adversario revoleando el poncho y las boleadoras. Así fue Newell’s, sólo garra y corazón. Y nada más.
En la primera etapa se vio lo peor del local. No hizo pie en ningún momento y se entregó a los designios del rival. No tuvo ni contención ni juego. Todos extrañaron a Formica y Bernardello, ya que el Chino Torres y Cristaldo no estuvieron a la altura de las circunstancias y fracasaron en el intento. Además Bernardi esta vez no encontró el traje de caudillo, los carrileros no influían en el trámite y los delanteros sólo levantaban murmullos en las tribunas ante cada equivocación.
Por eso no fue raro que a los 21’ Banfield abriera el marcador, en una jugada plagada de errores. El cabezazo de Bertolo tras el córner de Erviti descolocó a toda la resistencia leprosa; y a Sebastián Fernández no le quedó más que empujarla en el segundo palo. Ese tanto mareó aún más a Newell’s, que no recibió más goles porque el Taladro nunca se convenció de sus posibilidades.


